Hola,
Mi nombre es Gabriela y soy Coordinadora de Programas en Fundación Caricaco. Desde mi rol acompaño programas y procesos de articulación con organizaciones e instituciones públicas, lo que me ha permitido ver de cerca el valor de trabajar con diferentes actores alrededor de un objetivo común.
Hay problemas que no se resuelven con un buen proyecto
Bueno, les cuento en parte que me trajo a Fundación Caricaco. Como lo veo, Costa Rica está llena de organizaciones, empresas, instituciones públicas y personas comprometidas con mejorar el país. Todos los años invertimos recursos públicos y privados, conocimiento y una enorme cantidad de esfuerzo en iniciativas sociales valiosas. Sin embargo, frente a algunos de nuestros desafíos más complejos, hacer más proyectos no necesariamente significa estar más cerca de resolverlos. A veces necesitamos cambiar la pregunta.
En Fundación Caricaco hemos aprendido que la inversión social estratégica comienza por preguntarnos qué queremos cambiar en un sistema, no qué proyecto queremos financiar. Esta diferencia puede parecer pequeña, pero cambia profundamente la manera de trabajar. Nos obliga a entender las causas del problema, identificar dónde están las principales palancas de cambio y reconocer qué pueden hacer mejor el Estado, las empresas, las organizaciones sociales y la filantropía.
Nosotros decidimos aplicar esta mirada al desempleo juvenil. Nuestra aspiración al 2030 es contribuir significativamente a que cada joven que quiera trabajar lo pueda hacer en un empleo de calidad. Para lograrlo, sabemos que financiar programas de capacitación, aunque sean buenos, no es suficiente. Necesitamos entender por qué tantos jóvenes permanecen fuera del mercado laboral y qué tiene que cambiar para que el sistema genere mejores resultados de manera sostenida.
Cuando observamos el problema desde esa perspectiva aparecen conexiones importantes. Un joven puede necesitar formación, pero esa formación debe responder a las habilidades que demanda el mercado. Puede necesitar una beca, pero esa beca tiene mucho más valor si conduce a un empleo de calidad. Una institución pública puede contar con recursos para empleabilidad, pero esos recursos generan mayor impacto cuando se asignan según resultados verificables que generen un retorno fiscal claro. Una organización social puede desarrollar una solución extraordinaria, pero su impacto será limitado si nunca encuentra un camino para ser replicado o incorporado por actores con mayor escala.
Por eso nuestro enfoque combina distintas intervenciones que buscan mover partes complementarias del mismo sistema. A través de Acelera financiamos formación y mecanismos que conectan a jóvenes con oportunidades de empleo, poniendo el énfasis en resultados como graduación, colocación y permanencia laboral. Con Grants apoyamos organizaciones sociales que están desarrollando soluciones con potencial de generar movilidad social y buscamos innovaciones tecnológicas capaces de mejorar servicios públicos. Al mismo tiempo, trabajamos con instituciones para explorar modelos de pago por resultados que permitan orientar una mayor proporción de los recursos públicos hacia intervenciones que demuestren efectividad.
Lo importante no es cada iniciativa por separado, sino entender que son técnicas, mecanismos, tácticas y la relación entre ellas. No son un fin en sí mismo. Se pueden utilizar para mejorar el sistema de oportunidades de empleo para jóvenes; no son para servirse a ellas mismas y autojustificarse.
Es apostar por el efecto demostrativo. Una experiencia de Acelera puede ayudarnos a entender qué tipo de formación consigue mejores tasas de colocación. Esa evidencia puede informar el diseño de un programa público. Una organización apoyada mediante Grants puede probar una solución que después tenga posibilidades de escalar. Una herramienta tecnológica puede mejorar la información disponible para tomar decisiones. Un esquema de pago por resultados puede cambiar los incentivos para que distintos actores compartan una misma definición de éxito verificable y auditable.
Ahí es donde la inversión social comienza a convertirse en inversión sistémica
Esta manera de trabajar también cambia nuestra relación con los resultados. Si nuestro objetivo fuera ejecutar proyectos, podríamos sentirnos satisfechos contando personas capacitadas, talleres realizados o recursos desembolsados. Pero si nuestra aspiración es contribuir a reducir el desempleo juvenil, necesitamos hacernos preguntas más exigentes. ¿Cuántas personas consiguieron empleo?, ¿Cuántas permanecieron trabajando?, ¿Qué intervenciones fueron más efectivas?, ¿Cuánto costó conseguir cada resultado?, ¿Qué aprendimos que pueda servirle a otra organización o institución pública?, pero sobre todo, ¿cómo hacemos para que las soluciones más efectivas sean entregadas a la escala correcta por un periodo de tiempo acertado?
La evidencia deja entonces de ser únicamente una herramienta para rendir cuentas. Se convierte en el mecanismo que permite que el sistema aprenda
También cambia nuestra comprensión de la escala. Escalar no necesariamente significa que Fundación Caricaco haga proyectos cada vez más grandes. En muchos casos, nuestra mayor contribución puede ser financiar una innovación, demostrar que funciona y generar suficiente evidencia para que otro actor con mayor capacidad pueda adoptarla. Si una solución probada termina mejorando la manera en que una institución pública utiliza sus recursos, el impacto puede ser muchísimo mayor que cualquier programa que nosotros pudiéramos ejecutar directamente.
Esta lógica requiere algo que consideramos fundamental. Visión compartida. Los problemas sistémicos no tienen un único dueño ni tampoco tienen una única solución. El desempleo juvenil involucra educación, formación técnica, empresas, políticas de mercado laboral, acceso a financiamiento, información y muchas otras variables. Cada actor aporta capacidades distintas y necesarias. El Estado tiene la posibilidad de generar escala y sostenibilidad, las empresas conectan las soluciones con las necesidades del mercado, las organizaciones sociales pueden innovar y acercarse a poblaciones específicas, y la inversión social puede asumir riesgos, probar nuevos modelos y generar evidencia. Transformar el sistema requiere aprovechar todas esas capacidades complementarias y lograr que los distintos actores avancen en una misma dirección. En la práctica, esto implica que quienes formamos parte de él tengamos claridad sobre hacia dónde queremos ir, revisemos juntos qué está funcionando y definamos qué necesitamos ajustar.
Y quizás ahí está la invitación más importante que queremos hacer
No todas las organizaciones tienen que trabajar en desempleo juvenil. Costa Rica tiene muchos otros desafíos que necesitan liderazgo, desde educación y ambiente hasta salud, productividad, cuidados o desarrollo territorial. Pero quienes tenemos la posibilidad de invertir recursos, conocimiento o influencia en mejorar el país podemos hacernos una pregunta común.
¿Qué tendría que cambiar en el sistema para que este problema fuera significativamente menor dentro de diez años?
Responder esa pregunta probablemente nos lleve más allá de nuestra próxima donación, nuestro próximo proyecto o nuestro próximo plan anual. Nos obligará a buscar aliados diferentes, medir cosas distintas, compartir aprendizajes y aceptar que algunas de las mejores soluciones serán construidas por otros.
En Fundación Caricaco escogimos el desempleo juvenil como nuestra misión país y estamos aprendiendo a mirarlo de esta manera. Queremos invitar a más líderes a hacer lo mismo con los desafíos que les apasionan.
Porque un proyecto exitoso puede transformar muchas vidas. Pero cuando logramos que un sistema funcione mejor, podemos transformar un país.
